Crónicas de Browne (X): POCIÓN DE DESAMOR Nº 10

POCIÓN DE DESAMOR Nº 10


Poción de amor nº 9

La primera vez que vi a Nagidrac fue… no me acuerdo. Lo que sí sé es que me gustaba demasiado para que no fuera mi novia. ¿Qué podía hacer yo para engatusarla? Ella parecía pasar olímpicamente de mí, así que decidí visitar a Madame Ruth, ya sabéis, aquella gitana con diente de oro. Me dirigí a la 34 con Vine buscando el puestecito donde había oído que vendía pócimas de amor. Pero para mi sorpresa —y desaliento— no la encontré, así que resolví volver amargado a casa. Cuando di media vuelta una voz susurró a mi espalda.

—¡Psss!

—¿Es a mí? —pregunté mientras daba un giro de 179º.

—Nohombre, me dirihía ar shusho que crusa lasquina.

—Eh… —intenté divisar el rostro de aquella mujer que sólo dejaba ver unos ojos verdes en la penumbra de su puerta.

—Entraquí.

Cuando crucé la puerta me encontré a una gitana con su bola de cristal. Me sonrió y sus labios descubrieron un diente dorado.

—¡Madame Ruth…!

—Cállateysiéntate —cortó la gitana agarrándome la mano.

“¡Madame Ruth, por fin!” me alegré yo. Le conté que había fracasado con Nagidrac, que me sentía deshonrado desde 1956. Ella me leyó la mano y posteriormente hizo un extraño signo mágico.

—Lo que nehesita esla ‘Pociondamor N.9’ —y me guiñó un ojo.

Ahí me ofreció un frasquito verde con una especie de tinta china al que le había puesto un nombre estructurado como el de los brutos mecánicos de Mazinger Z: Garada K7, Doblas M2, Desma A1, Genocider F9… Yo salí tan contento hacia la cita que había programado aquella misma noche con Nagidrac en el peor restaurante de la ciudad. Y es que quería comprobar si realmente la pócima funcionaba y ella no se rendía a mis pies por una cena de ricos.

Allí estaba ella sentada a la mesa tan guapa como nunca. Pedimos el vino menos malo de la casa y mientras ella leía las tapas y tostas disponibles yo conseguí verter toda la Poción de amor nº 9, que al ser invisible conservaba el color rojo del caldo. Yo estaba tan nervioso que tuve que ir un segundito al excusado, pero mi alegría fue inmensa cuando al volver descubrí la copa de Nagidrac vacía. ¡Era cuestión de momentos que se enamorara de mí!

Y vaya si lo hizo, para mi pesar. Pues resultó que después de un tiempo descubrí realmente que lo que me atraía de ella era su belleza exterior y no tanto la interior. Así que sin importarme un bledo corté con Nagidrac el 14 de febrero de 195…

* * *

Poción de desamor nº 10

Cuando Enworb cortó conmigo el 14 de febrero de 195… me sucedió como al chico de Inteligencia Artificial cuando su madre le dice que le abandona. Me volví loca. No podía dejar de pensar en él y en todos los buenos ratos que pasamos juntos. ¡No hay peor sufrimiento que el AMOR no correspondido!

No encontraba consuelo hasta que oí la canción ‘Love potion nº 9’ y comprendí la letra. ¡Si hay una poción de amor debe de haber una de desamor!

Me dirigí a la 34 con Vine, y por el gran cartel que había en la puerta deduje que ahí se encontraba la gitana que buscaba. Esperé a que me abriera, pues si ella era vidente era evidente que sabría que yo estaba ahí esperando para entrar. Transcurridas veintisiete centésimas de segundo la puerta se abrió, penetré en ese sitio iluminado en el que me esperaba una mujer con bata blanca cubierta de productos químicos. Me sonrió y sus labios descubrieron un diente dorado.

—¡Madame Ruth…!

—Cállase y siéntese —cortó la química agarrándome la mano.

“¡Madame Ruth, por fin!” me alegré yo. Le conté que necesitaba olvidar a Enworb, que me sentía desolada desde 195… Ella me leyó la mente y posteriormente hizo una extraña pócima.

—Lo que requieres es la ‘Poción de desamor N.10’ —y me guiñó un ojo.

Ahí me ofreció un frasquito amarillo que olía a Trementina compuesto de la molécula ZIP (que consigue borrar buenos y malos recuerdos, aunque quién será el tonto que quiere borrar los buenos). Me tapé la nariz, cerré los ojos, ¡y me lo bebí!

Al salir estaba tan turbada que no sabía si era de día o de noche. Me dirigí hacia la cita que había programado aquella misma noche con Enworb en el mejor restaurante de la ciudad. Y es que quería comprobar si realmente la pócima funcionaba y me desenamoraba de él pese al magnífico ambiente del establecimiento.

Allí estaba él sentado a la mesa tan guapo como nunca. Cuando le miré a los ojos el corazón no me volcó ni medio grado, así que yo estaba muy feliz de que la ‘Poción de desamor N.10’ hubiese funcionado. Pero me asaltó una duda. Recordé un programa en el que  Eduardo Punset se preguntaba cuánto pagaría alguien por algo que le hiciera incrementar la inteligencia. ¿Y cuánto estaría dispuesto a pagar una persona por una poción para olvidar un amor imposible?

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